Sentarte al inicio de la noche con las piernas en un sueño y la mano sobre
el botón de inicio,
presionar.
Dejar que el aire oscuro se llene con la banda del nombre largo. Tonos y notas descienden cual enjambre sobre los oídos del cuarto, afuera el cielo se ilumina con inexistentes estrellas...
Y el sonido se desliza del oído al alma,
la aprieta hasta que un gemido ocupa la boca.
Suspiros que se unen al aire que suena como Moya o East Hastings, como Storm, Albanian o Providence...
Como si fueran lágrimas, como si fueran puños que se levantan al cielo...
se escapan por la ventana.
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