lunes, junio 20, 2011

Cometas

En la punta de una estrella se ha sentado la criatura más pequeña. No tiene cabellos ni color, pero tiene ojos y contempla. Mira como los siglos caducan la corteza de un planeta y como otros mueren bajo las tormentas, ve también las corrientes eternas que cruzan el cosmos llevando cometas. En sus manos transparentes junta el polvo de la estrella y luego, con gesto travieso, extiende la palma y sopla. Vuela el polvo hacia el vacío infinito para encontrar un rayo de luz que cruza el espacio. Existe entonces el polvo y existe la luz. Un reflejo de mil soles iluminan a la criatura y a sus seis pares de piernas. Y ella, la más pequeña, ríe. Viajará el tiempo por billones de planetas hasta que lleguen a la Tierra los ecos de esa risa en la repentina forma de mil cometas.

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