Quedarse mirando como termina un día con Pink Floyd de soundtrack siempre será una de mis delicias preferidas...
Y hablando de favoritos, otro de mis rituales cotidianos es el que involucra un buen café. A mí gusto tiene que ser oscuro y amargo, que al beberlo se sienta el peso en la lengua y se llene la nariz de un aroma fuerte.
Hoy caminé al café Emir por un latte. Unas cuadras mientras sonaba Coming back to life y en el cielo se iluminaban unas nubes blancas y naranjas. La ciudad con una tarde de tranquilo domingo, personas paseando perros y viceversa, el puesto de hamburguesas que enciende sus luces, el metrobús con pocos pasajeros deslizándose sobre Cuauhtémoc, mi camiseta gris comprada en The Wall, el hombre que se me queda mirando y los niños que comen conos de helado. Una tarde perfecta para llegar hasta el mostrador y pagar 26 pesos por un café grande. Volver a casa con la noche encima mientras suena High Hopes. Acariciar a Opeth y lanzar por la ventana una mirada de amo esa música.
Café y Pink Floyd, dos ingredientes básicos en algunos de mis rituales más queridos.
1 comentarios:
Good dispatch and this enter helped me alot in my college assignement. Gratefulness you on your information.
aroma essential oils
Publicar un comentario