lunes, noviembre 15, 2010

Domingo en bici.

Ayer volví a echarme el tour a Parres en bici. Es curioso como todo el camino es un juego constante entre el ya no más y el a huevo que sí. Empezamos desde viaducto y periférico, ahí agarramos la ciclopista que resulta una tierra sin ley hasta llegar a las puertas del Ajusco...

Es subir y subir, a velocidad constante. Yo pedaleo lento, sin quemarme como dicen los deportistas, manteniendo un ritmo y sintiendo como kilómetro a kilómetro mis músculos se calientan, mi cuerpo despierta y mi mente se llena de fuerza. Llegar a Parres es el objetivo, a la altura de San Ángel siento que ya no doy una pedaleada más pero me fuerzo, pasamos Av. Toluca, seguimos por tianguis de colonias y paraderos de micros hasta el Ajusco. Los tianguis sobre la ciclopista son una curiosidad chilanga de lo más ñera y popular. Llena de personas/obstáculos que no se inmutan cuando uno pasa gritando, ¡Cuidado, Bicicleta! De subida no hay más rollo, lo lindo es la bajada a toda velocidad.

Llegando a las puertas del Ajusco empieza la lindura de vegetación, la gente con perros, las ardillas que cruzan la ciclopista a brinquitos, las mariposas que se paran sobre el morado de mis guantes, el sol que cae sobre la piel y el susurro de la mente a las piernas: un poco más, unas dos horas más. Hice poco más de cinco horas desde mi casa (Narvarte) hasta Parres. 35 kilómetros de subida constante. La llegada a Parres, la última hora, fue una combinación entre Maiden y plática con unos ciclistas que venían de San Ángel.

Llegar a Parres y devorar una sopa de hongos, un taco de cecina, un pan de elote y café de olla. Recuperar energías y pensar que el dolor que provoca el asiento no importa de bajada porque se puede agarrar el regreso parada sobre la bici... a toda velocidad. Oh yeah.

Regresar, pasar por los pueblos, el Ajusco, los tianguis, la gente, San Jerónimo... salir en San Ángel para bajar rápidamente a Insurgentes. Pedalear hasta el WTC, despedirse de Javier y cruzar Del Valle hasta casa.

Subir la bici. Saludar a Opeth. Tirarse en el sillón... pensar 70 kilómetros. E irse al cine.

Hoy me duelen las piernas, los brazos, el cuello, los pulgares, la espalda, el abdomen, el trasero, los hombros, los pies... pero, ¡quiero más días como el de ayer...! Muchos más.

:D

viernes, noviembre 05, 2010

Sobre demonios:

Uno cree que ese algo ha sido superado y que jamás volverá a aparecer en las líneas nocturnas o los silencios del día. Pero es falso, la verdad es que esas sombras que habitan al humano pueden regresar en cualquier momento, a manera de broma o de sorpresa, listas para sentarse a la mesa y tragarse nuestra dignidad.

O lo que sea.

Esos "demonios" ( entiendo por demonio la expresión de los propios miedos que se traduce en actuares estúpidos y dañinos, que entristecen. Todos tenemos demonios ) somos nosotros mismos fragmentados. Tal vez mi demonio reside en mi inseguridad, tal vez mi demonio vive de mentiras, es posible que mi demonio haya nacido cuando yo tenía 7 años y fui obligada a estudiar en una horrible escuela católica. Tal vez, desde ahí, aprendí a refugiarme y entonces dibujé una postal que es la que muestro a la gente, como una tarjeta de presentación. Que jueguen con ella y que crean que la conocen. Yo, estoy en mi mundo, cómoda, lejos de sus curiosas miradas. Por eso estoy siempre sola. Por eso prefiero estar siempre sola. Porque yo y mis demonios no nos vamos a desnudar para escuchar a nadie. Porque no voy a ser objeto de estudio, ni pagaré por comprensión.

No soy de multitudes. Soy de poca gente. Sólo mis amigos, los pocos, esas voces a las que he aprendido a querer y por quienes pudiera arrancar cabezas. Por ti enfrento a mis demonios, porque te quiero y callaré al diablo para reír contigo. Pero sólo por ti, qué me importan los mares de humanos ciegos y perfumados. ¿Quiénes son ellos para mí que soy nada para ellos?

Así está bien. Mantener la cordura. Cada mente en su isla.

Basta creer que uno ha vencido a uno de sus demonios para llevarse la sorpresa de que no es así. No es fácil. Hay que vencerse a sí mismo primero: denigrarse, burlarse, dejarse en ridículo, olvidarse, negarse, llenar el nombre de absurdos y ofensas para darse cuenta de que ese demonio no es más que otra palabra para nuestro nombre. Y entonces, amar al nombre, abrazar al miedo, ir al pasado y perdonar. Dicen que así se hace. Uno mira atrás y dice: No, eso que pasó cuando tenía cinco años, NO me construye, no me define. Dicen.

Cuando hablo de demonios no dibujo seres míticos. Hablo de esa que puedo ser cuando me asalta el miedo, de mi yo egoísta, de mi lujuria o mi ego. Esos son los putos demonios que creo vencer pero siempre... siempre regresan.

Es una linda idea. Los demonios que viven en ti.
Es una idea terrible. Tú los alimentas.