viernes, octubre 29, 2010

En viernes, suena Opeth.

He estado experimentando qué tanto pueden las circunstancias llevarme a hacer lo impensable y qué tanto puedo provocar circunstancias del tipo impensable.

Ahora escucho a Opeth y me dejo llevar por su peculiar sonido, oscuro y húmedo.

En unas horas iré a ver amigos en el contexto de una reunión, un bar, música y alcohol.

He estado pensando en qué sucede cuando yo estoy en ese lugar en vez de en ese otro.

¿Es el lugar o soy yo?

Ahora escucho Opeth y procuro liberar partículas, dan giros que las transforman en algo dulce y mortal.

lunes, octubre 25, 2010

De camino a casa...

Venía caminando por Petén bajo la luz nocturna. Venía a casa, de mi mano derecha colgaba una bolsa de croquetas para gatito de hasta 12 meses y de la izquierda dos litros de leche. Venía a casa con el cansancio de quien vuelve del trabajo después de haberse encontrado con unos tacos de suadero, un alto y dos señoras con un perro. Con pasos fuertes golpeaba las botas contra el pavimento cuando algo explotó. De mi paso nació el sonido de algo que revienta. Me detuve y miré el suelo, las antenas agonizantes de una cucaracha aplastada contra la banqueta me hicieron un guiñó desesperado.

Asco.

Los seres con los que uno se encuentra en la selva de concreto. Gracias a los dioses nórdicos y a todos los superhéroes de Marvel le tengo gusto a los zapatos con plataformas anchas y pesadas, que si no...

Pfff. Cucarachas.

miércoles, octubre 13, 2010

Un sueño

Un sueño que inventé
y me enreda.
Un sueño cristalino como el lodo, claro y opaco como tus ojos.
Un sueño que te sueña.
Con lo que de ti pienso levanté las paredes, tu sabor abrió las ventanas.
En este espacio sólo cabemos los dos.

Y voy perfumando con mi ropa sus pisos.
Con mis manos atrapo el aire para hacer míos los suspiros.
Es un palacio, una colmena y en este valle nacemos los dos.

Tengo un sueño para mis noches,
que es un recuerdo cuando me abre el día;
una delicia que me embriaga,
ebria de tu espuma.

Y en mi sueño, amor, nos bañamos los dos.

viernes, octubre 08, 2010

Creí

Hubo un tiempo en el que creía en cambiar al mundo.
Alguna vez creí en la sinceridad, tantas otras en el amor.
Creí, también, en la inteligencia de la gente, en un instinto de supervivencia.
Creí, entre otras, en que una mirada arrasa mil palabras, en que la cercanía es física,
en belleza y sinceridad...
Creí en metáforas y metalenguajes.
Fui creyente de alegrías,
seguidora perpetua de la soledad,
fan intachable de los extremos.
Creyente fui de la calma que sigue a la tormenta,
del silencio de dos cuerpos entre jadeos,
del gemido que cruza la noche y regresa al centro.
Creí en la bondad y hasta nombraba a la esperanza.
Y que la fe mueve montañas, creí.
En la historia y sus fábulas. En el futuro y su ficción.
Creí en los abandonados,
en los amorosos,
en los viajantes,
en los olvidados,
en los desgarrados,
en los que se nombran, en ellos creí.
Creí un rayo de luna tanto como una calle cerrada.
Que todo eso sucedía, creí.
En la ciencia, incluso, creí.
Creyente de primaveras, de diciembres; allá en la infancia.
En la plegaria de un día,
en la novela de un año,
en la poesía de una noche; en ellas creí.

Creí que creer me salvaría, que creer me situaría.

Hubo un tiempo en el que creía…

Hoy no creo, lo he negado,
lo he cambiado por un cigarro y por lo que más amo que es vivir.
De creer me he cansado,
en fraseos ya no creo,
ahora toda mi creencia,
la única que solvento,
es creer, toda hora, todo día…
…en mí, la que rompe la rima.

sábado, octubre 02, 2010

Thee Silver Mount Zion Memorial Orchestra

...en México.

La noche de ayer fue exquisita en lo que a música se refiere. Jamás olvidaré el 1 de octubre en que presencié a quienes tienen que ver con una de mis tres bandas más queridas, ni el momento en el que vi cantar a Efrim Menuck; uno de mis grandes genios musicales.

El concierto, en todo, fue una belleza.

Inició con la buena sorpresa de que la banda abridora no era nada mala y desplayaron, sobre el lugar que se llenaba poco a poco, una buena muestra de post rock. Un sonido que sin ser ambicioso dominaba las características elementales de este bonito género. Acabada su actuación no tuvimos que esperar mucho para ver salir a Efrim al escenario, seguido por Sophie, Jessica, baterista y contrabajista.

Y entonces empezó el incomparable sonido llenando el espacio y estremeciendo corazones. Son los violines, la forma de tocar la guitarra en juego con el contrabajo, es la voz y la base de la batería; es el sentimiento que sube del estómago al corazón el que llena los ojos de lágrimas y hace que uno se lleve las manos al pecho. Amo ese sonido. Y en vivo... ver cómo nace esa línea destemplada de la boca de Efrim que se esconde en medio de su gran barba y que grita, se expande, susurra, desliza... They put angels in the electric chair, the electric chair....

Y la interacción con el público. ¿Alguien tiene una pregunta? Y la gente preguntaba, Efrim medio respondía, medio evadía. El ambiente era tan relajado que fue fácil situarme en las mil veces que los he escuchado caminando, en la chamba, relajada en casa. Sí pregunté, con mi nerviosísimo al máximo, que si tocarían algo de lo viejo; qué es viejo me respondió, qué quieres y yo no supe qué decir... pero qué respuesta más chingona que empezar a tocar God Bless Our Dead Marines. ¡Qué momento!

Sí lloré, sí me emocioné y dejé que todo mi amor por la música me llenara, celúla a célula... nota a nota. Y al lado estaba mi hermano que vino desde Guadalajara para escuchar a quienes también entran en su definición de grandes y chingones músicos: Thee Silver Mount Zion Memorial Orchestra, canadienses, también integrantes de aquella banda de los cuatro discos, LP y el mítico cassete...nada más y nada menos que los papás del post rock.



Lo pienso y me emociono a la lágrima.