Desde que vivo sola hay una cosa que odio sobre todos los pagos y pendientes: enfermarme. Nada más horrible que estar sola en un depa vacío viendo el techo y alucinando la fiebre mientras suspiras lo chido que es que alguien te cuide. Luego me curo y vuelvo a disfrutar lo chingón de tener un espacio propio en el que suena la música al volumen que se me antoja.
Claro que ahora no estoy sola. Tengo a mi hermosa Opeth que, considerada, para no dejar que me hunda en el sopor o el malestar físico, me mordisquea los dedos de los pies. Linda ella, comprobando que no he muerto. En los próximos meses le enseñaré a traerme las pastillas, preparar un té con miel y aplicar inyecciones... Mmm, creo que todavía tengo fiebre. Ayer cuando daba vueltas en la cama, me habló mi ma al cel. Cómo sigues amor... eso fue suficiente para que, al colgar, pudiera hundirme en un reparador sueño.
La voz de mi mamá me cura, eso ya lo sé.