viernes, junio 25, 2010

No es reflexión, es la cerveza.

El otro día leí un tweet que me dejó pensando. No lo recuerdo bien, pero la idea era “eso pasa cuando decides ser...” ¿Qué pasa cuando alguien decide ser y a los de al lado no les parece? Y es que somos tan dados a interpretar a los otros como si nosotros mismos fuéramos interpretables.

Seguro te ha pasado. Hay un momento en el que acabas hasta la madre de adaptarte y seguir patrones para buscar tu lugar en cierto espacio social. Llega un momento en el que dices: ¿Y yo que putas hago dejando de ser yo por ser alguien que le resulta más cómodo al contexto que a mi cuerpo?

¿Me explico?

Para mí lo único importante en esa cuestión es la palabrita DECIDIR. No hay nada que respete más que la coherencia de alguien que ha decidido que sí o que no le va. Que en algún momento, tuvo la calidad (los huevos, pues) de ubicarse en una perspectiva. A veces, no lo hacemos conscientes, a veces sí. Pero con cada acto o palabra declaramos algo de nosotros, que puede ser o no agradable para alguien más. Que puede parecer tan extraño que resulta malo o tan bueno que resulta invisible. Sea cual sea el caso, siempre estamos ahí al centro de todas las miradas. Lo estoy yo que te miro a ti y lo estás tú que eres mirado por los demás.

¿Qué tan absurdamente importante es esto?

Alguna vez leí que “la mirada de los otros nos construye”. Que es como un espejo en el que comprobamos nuestra propia existencia, que es la aceptación que nos hace confiar en nuestra autenticidad como seres humanos. Lo es, ciertamente. Pero... ¿debe ser el factor definitivo en nuestra búsqueda de individualidad?

Decidir cómo soy y qué pienso... eso me gusta.
Lo que siempre me falla es hacerlo de modo que no desvirtúe la imagen del espejo, eso que los otros creen saber de mí.

Creo que fue con Don Juan donde leí eso de “Borra tu historia personal...” De modo que el mundo no sepa que esperar de ti. Me fascina ese concepto.
Lo real es que el mundo quiere tenerte seguro, saber tu edad, tus gustos, la historia de tu familia, tu color favorito, la película que te hace llorar, enfermedades, fobias, refresco de cola o agua, colonia, preferencia sexual, animal favorito... todo lo que eres cifrado en objetos y elecciones. Porque “comprendiéndote” te controlan. Porque “controlándote” te entienden y te hacen similar a ellos. Así funcionamos... si alguien sale de nuestro “control/comprensión” es casi imposible que podamos aceptarlo como real, parecido o propio.

Y entonces nos etiquetamos: naco, atea, nihilista, marro, perdedor, loca, religioso, hipster, puta, raro, infantil y largo etcétera. Por supuesto, hay quienes no son más que una etiqueta. Pero hay quienes, y siempre he deseado que sean los más, deciden que justo así es como quieren ser. Que de todos los aspectos sociales y culturales esos son justos los que los manifiestan como personas.

Y la mejor parte: la etiqueta una vez pegada impide cualquier duda respecto a esa persona... es así y ya. Porque al etiquetarlo le quitamos la capacidad de hablar, de ser. Yo lo sé porque lo he hecho, porque escudada en la intolerancia he matado la autenticidad de alguien más, en servicio del cómo creo deben ser los otros. Y es curioso, a veces… lo he hecho sin siquiera dar la ventaja de la duda, porque me han dicho, porque he concluido. Ah, sí somos vacuos y simplistas y éste… es un post más de por qué amaría ser un gato cuya única relación con los humanos fuera rasguñar de vez en cuando y ya.

domingo, junio 20, 2010

Familia

Es uno de esos domingos tranquilos en los que quisiera estar cerca de la familia, charlar con papá, abrazar a mamá y molestar a los hermanos... o más bien, dejar que me molesten a mí.

Mis hermanos, hace mucho dejaron de ser los "hermanitos" y pasaron a ser unos muchachones bien guapos, inteligentes y fuertes. Julio, el más grande, es afecto a la música, aprende el chello y es un as de la guitarra, aunque diga lo contrario. Santiago, el "pequeño", es feliz practicando kung fu y es muy bueno, da unos brincos que ya quisieran ciertas ranas.

Julio, muy pequeño aprendía a hablar y en vez de decir máquina decía "pacna" y en vez de hermanitas decía "sedmanitas"...

Santiago fue durante meses un mapache bebé hermoso gracias a las ojerísimas que le dejó cierta caída.

También tengo una hermana que sí vive en la capital... ella es Mariana y además de ser física y estudiar una maestría en no sé que madres relacionada con volcanes, tiene unos ojotes.

Mi madre Maru tiene un don con las plantas y teje, teje y teje.
Mi padre Julio ama los libros y gracias a él... yo amo escribir.

Mi familia es grande y hermosa. A veces, no entiendo que hago lejos de ellos. Pero después respiro el placer de la independencia y bueno... les agradezco haberme hecho fuerte y poco apta para los limitantes miedos.

Como todas las familias hemos tenido tiempos raros, felices, tiempos extraños, feos y tiempos luminosos. Mientras haya tiempo...

Amo a mi familia y agradezco crecer junto a seres tan maravillosos.

#HeDicho

viernes, junio 11, 2010

Imagina...

¿Hasta cuándo estarán tus pasos atorados en la acera, llenos de sangre coagulada en tu niñez? ¿Cuándo, cuándo verás que abandonar el pasado es más extraño de lo que suena?

Imagina que llevas, colgados al hombro, en tu bolso más querido, los pedazos de vidrio, de semilla y de plástico; de lo que regalan o encuentras en las esquinas y en sus ciudades, a la orilla del mar o en los filamentos de un parque. Tesoros, recuerdos de coleccionista, impresiones de polaroid o megabytes de imágenes que perforan tu hombro, lo agrietan.

Deja que caigan los tirantes sintéticos resbalando por las curvas de tu brazo, déjalos que caigan hasta tocar el suelo. Míralos, en desorden, todos esos pedazos humanos, esas piernas, esos brazos; tanto corazón, tanta mente, tanto aroma, tanta gente con sus momentos y sus lenguas; de los dolores, de las risas, de los cuchillos y las lástimas, mira las astillas.

Imagina que caminas sobre ellos. Que te alejas de esa galería de heridas y que a cada paso la calma circula tus mejillas, el viento te abraza dejando que sientas como sana tu alma.

Así, en otras palabras, imagina.

domingo, junio 06, 2010

Sólo son...

Disposiciones humanas tejidas con néctar de corazones amasados. Creencias injertadas en la nuca con un dispositivo diminuto que controla el mar social.

Mentiras absorbidas en estado prenatal, mentes desgarradas antes de ser concebidas por miedos ingeridos en dosis pequeñas cada ocho horas, o más.

Sustancias transformadas en palabras y lanzadas desde balcones con acabado setentero a las populosas avenidas de la ciudad.

Ciudades atrapadas en el aire por las manos sucias de indigentes que lamen las espaldas de los dioses enterrados en botellas lanzadas, luego, al mar.

Distancias de agua y de tierra que son pavimentadas y cerradas por los lazos virtuales que hace siglos, comenzó a tejer una anciana olvidada a la que hoy no llamamos abuela.

Abuelas y reinas, guerreros de traje que ocultan los tatuajes en tres guiños y una cerveza. Bebidas milenarias que en las garras del amor, se vuelven versos.

Amor, amores que no llegan a desaparecer, que como el plástico de burbujas, siempre te hacen caer.

Caídas, dulces caídas. Tocar fondo y abrir los ojos para levantarse con la seguridad de que sólo son disposiciones humanas, nada más.

miércoles, junio 02, 2010

Sacar la cabeza.

Había una vez un hombre que sacó la cabeza. Con cautela, apoyó los dedos sobre la orilla y dejó salir primero el cabello, los ojos para enfrentar la oscuridad y la boca para pedir ayuda en un grito extendido.

Se fue acostumbrando a la negrura y pudo mirar. Se acostumbró al silencio y a la falta de respuestas, y esto no lo detuvo para explicar a cada punto del espacio que era un hombre y que él mismo se había sacado, sólo por asomar la cabeza.

Nunca, hasta el día en que exhaló el último verso, el hombre pudo sacar del túnel los pensamientos. En parte porque creyó haberlo hecho y en parte porque suele ser más ancha, y oscura, la excavación propia que la ajena.