martes, diciembre 21, 2010

The Wall

El sábado 18 de diciembre cerré el año de conciertos con el mejor concierto al que he ido en toda mi vida: Roger Waters con The Wall en el Palacio de los Deportes.



Las expectativas eran, obviamente, altas. Incluso así, jamás hubiera imaginado lo que significa presenciar The Wall en vivo, con todo el show, el muro, Waters en gabardina, fuegos artificiales, marionetas y cerdo. Todavía me cuesta encontrar las palabras para describir la magnitud del evento... Sí lloré, varias veces. Claro que grité, con toda mi voz al escuchar las primeras notas de In the Flesh? Por supuesto que sentí como los escalofríos recorrían mi piel con Vera, claro que fui incapaz de detener las lágrimas con Bring the Boys Back Home.... Obviamente, me volví autista con Hey You y más de una vez sentí el calor recorrer mi cuerpo con Comfortably Numb. Perdí el aliento Goodbye Blue Sky, Goodbye... Y sí, me rendí ante Mother y levanté los brazos para prender el encendedor al ritmo de Waiting for the Worms.


Es curioso, uno aprende a vivir los discos y se hace una idea de su grandeza en muchos aspectos, técnicos e históricos. Y sabe, por ejemplo, que The Wall surge en un contexto anti fascista y lee sobre el origen de la idea. Uno se sorprende y añade ese show a uno de los lugares en los que iría si tuviera una máquina para viajar en el tiempo... Y de pronto, The Wall se presenta y uno tiene la oportunidad de ir para descubrir que la grandeza del show es algo por lo que uno puede morir.



El muro ha sido construido, se encienden las luces y el público espera. Yo no pude ni pensar en alejarme del asiento. Recuerdo que me preguntaba qué era lo que acababa de suceder... Y lo que faltaba... En ese momento, con las luces encendidas, pude ver un par de orejas negras asomándose detrás del muro...


El cerdo... flotando dentro del Palacio de los Deportes... pues sí, será de hoy en adelante una de mis definiciones para maravilla.

Cuando compré el boleto sólo conseguí para mí, así que estuve sola rodeada de miles de personas, mi lugar en D 28 no tenía la mejor vista, frente a mí había unos pubertos que se besaban y fumaban mariguana, me faltó alguien a quien abrazar... y aun así... ha sido el mejor concierto de mi vida...


Gracias Roger Waters.

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