Uno cree que ese algo ha sido superado y que jamás volverá a aparecer en las líneas nocturnas o los silencios del día. Pero es falso, la verdad es que esas sombras que habitan al humano pueden regresar en cualquier momento, a manera de broma o de sorpresa, listas para sentarse a la mesa y tragarse nuestra dignidad.
O lo que sea.
Esos "demonios" ( entiendo por demonio la expresión de los propios miedos que se traduce en actuares estúpidos y dañinos, que entristecen. Todos tenemos demonios ) somos nosotros mismos fragmentados. Tal vez mi demonio reside en mi inseguridad, tal vez mi demonio vive de mentiras, es posible que mi demonio haya nacido cuando yo tenía 7 años y fui obligada a estudiar en una horrible escuela católica. Tal vez, desde ahí, aprendí a refugiarme y entonces dibujé una postal que es la que muestro a la gente, como una tarjeta de presentación. Que jueguen con ella y que crean que la conocen. Yo, estoy en mi mundo, cómoda, lejos de sus curiosas miradas. Por eso estoy siempre sola. Por eso prefiero estar siempre sola. Porque yo y mis demonios no nos vamos a desnudar para escuchar a nadie. Porque no voy a ser objeto de estudio, ni pagaré por comprensión.
No soy de multitudes. Soy de poca gente. Sólo mis amigos, los pocos, esas voces a las que he aprendido a querer y por quienes pudiera arrancar cabezas. Por ti enfrento a mis demonios, porque te quiero y callaré al diablo para reír contigo. Pero sólo por ti, qué me importan los mares de humanos ciegos y perfumados. ¿Quiénes son ellos para mí que soy nada para ellos?
Así está bien. Mantener la cordura. Cada mente en su isla.
Basta creer que uno ha vencido a uno de sus demonios para llevarse la sorpresa de que no es así. No es fácil. Hay que vencerse a sí mismo primero: denigrarse, burlarse, dejarse en ridículo, olvidarse, negarse, llenar el nombre de absurdos y ofensas para darse cuenta de que ese demonio no es más que otra palabra para nuestro nombre. Y entonces, amar al nombre, abrazar al miedo, ir al pasado y perdonar. Dicen que así se hace. Uno mira atrás y dice: No, eso que pasó cuando tenía cinco años, NO me construye, no me define. Dicen.
Cuando hablo de demonios no dibujo seres míticos. Hablo de esa que puedo ser cuando me asalta el miedo, de mi yo egoísta, de mi lujuria o mi ego. Esos son los putos demonios que creo vencer pero siempre... siempre regresan.
Es una linda idea. Los demonios que viven en ti.
Es una idea terrible. Tú los alimentas.
O lo que sea.
Esos "demonios" ( entiendo por demonio la expresión de los propios miedos que se traduce en actuares estúpidos y dañinos, que entristecen. Todos tenemos demonios ) somos nosotros mismos fragmentados. Tal vez mi demonio reside en mi inseguridad, tal vez mi demonio vive de mentiras, es posible que mi demonio haya nacido cuando yo tenía 7 años y fui obligada a estudiar en una horrible escuela católica. Tal vez, desde ahí, aprendí a refugiarme y entonces dibujé una postal que es la que muestro a la gente, como una tarjeta de presentación. Que jueguen con ella y que crean que la conocen. Yo, estoy en mi mundo, cómoda, lejos de sus curiosas miradas. Por eso estoy siempre sola. Por eso prefiero estar siempre sola. Porque yo y mis demonios no nos vamos a desnudar para escuchar a nadie. Porque no voy a ser objeto de estudio, ni pagaré por comprensión.
No soy de multitudes. Soy de poca gente. Sólo mis amigos, los pocos, esas voces a las que he aprendido a querer y por quienes pudiera arrancar cabezas. Por ti enfrento a mis demonios, porque te quiero y callaré al diablo para reír contigo. Pero sólo por ti, qué me importan los mares de humanos ciegos y perfumados. ¿Quiénes son ellos para mí que soy nada para ellos?
Así está bien. Mantener la cordura. Cada mente en su isla.
Basta creer que uno ha vencido a uno de sus demonios para llevarse la sorpresa de que no es así. No es fácil. Hay que vencerse a sí mismo primero: denigrarse, burlarse, dejarse en ridículo, olvidarse, negarse, llenar el nombre de absurdos y ofensas para darse cuenta de que ese demonio no es más que otra palabra para nuestro nombre. Y entonces, amar al nombre, abrazar al miedo, ir al pasado y perdonar. Dicen que así se hace. Uno mira atrás y dice: No, eso que pasó cuando tenía cinco años, NO me construye, no me define. Dicen.
Cuando hablo de demonios no dibujo seres míticos. Hablo de esa que puedo ser cuando me asalta el miedo, de mi yo egoísta, de mi lujuria o mi ego. Esos son los putos demonios que creo vencer pero siempre... siempre regresan.
Es una linda idea. Los demonios que viven en ti.
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