Disposiciones humanas tejidas con néctar de corazones amasados. Creencias injertadas en la nuca con un dispositivo diminuto que controla el mar social.
Mentiras absorbidas en estado prenatal, mentes desgarradas antes de ser concebidas por miedos ingeridos en dosis pequeñas cada ocho horas, o más.
Sustancias transformadas en palabras y lanzadas desde balcones con acabado setentero a las populosas avenidas de la ciudad.
Ciudades atrapadas en el aire por las manos sucias de indigentes que lamen las espaldas de los dioses enterrados en botellas lanzadas, luego, al mar.
Distancias de agua y de tierra que son pavimentadas y cerradas por los lazos virtuales que hace siglos, comenzó a tejer una anciana olvidada a la que hoy no llamamos abuela.
Abuelas y reinas, guerreros de traje que ocultan los tatuajes en tres guiños y una cerveza. Bebidas milenarias que en las garras del amor, se vuelven versos.
Amor, amores que no llegan a desaparecer, que como el plástico de burbujas, siempre te hacen caer.
Caídas, dulces caídas. Tocar fondo y abrir los ojos para levantarse con la seguridad de que sólo son disposiciones humanas, nada más.
Mentiras absorbidas en estado prenatal, mentes desgarradas antes de ser concebidas por miedos ingeridos en dosis pequeñas cada ocho horas, o más.
Sustancias transformadas en palabras y lanzadas desde balcones con acabado setentero a las populosas avenidas de la ciudad.
Ciudades atrapadas en el aire por las manos sucias de indigentes que lamen las espaldas de los dioses enterrados en botellas lanzadas, luego, al mar.
Distancias de agua y de tierra que son pavimentadas y cerradas por los lazos virtuales que hace siglos, comenzó a tejer una anciana olvidada a la que hoy no llamamos abuela.
Abuelas y reinas, guerreros de traje que ocultan los tatuajes en tres guiños y una cerveza. Bebidas milenarias que en las garras del amor, se vuelven versos.
Amor, amores que no llegan a desaparecer, que como el plástico de burbujas, siempre te hacen caer.
Caídas, dulces caídas. Tocar fondo y abrir los ojos para levantarse con la seguridad de que sólo son disposiciones humanas, nada más.
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