martes, mayo 25, 2010

Cuando el deseo...

I don't wanna touch you too much baby,
'cos makin' love to you might drive me crazy...


Se sentó en el sillón que mira a la ventana. Encendió un cigarro y con la mano sobre la rodilla se dedicó a recordar. Jugaba con el humo, el aroma a tabaco la estremecía. Leves temblores sobre la piel, suspiro en la nuca. Imaginando.

El humo salía del cuarto en espirales y con él se iban los pensamientos que trataban de crear el tacto de aquellas manos sobre lo cálido de su piel. Así como el humo rodeaba el espacio entre el sillón y la ventana, ella le daba forma a la posibilidad de besos y cabellos, de aroma y gotas de sudor. La voz y los silencios. Se escapaba el humo y de su cabeza, escapaban millones de diminutos sueños que la hacían sospechar que ese momento que tanto deseaba, si llegaba, sería un giro de llave que abriría una puerta hasta ahora cerrada.

Sospechaba, sabía, deseaba. Su protección, derrumbada. Su realidad, alterada. Su moral, si hubiera existido, destrozada.

Apagó el cigarro, con un movimiento leve acarició sus piernas subiendo hasta el pecho, sintió el nudo de deseo que palpitaba en su corazón. Invocó alguna imagen, alguna palabra. Sonrió un poco antes de mojarse en la ola que el solo recuerdo le provocaba.

Pobre ella metida en un laberinto al que el corazón le niega salida. Y aun cuando voltea y puede ver la luz brillar en el inicio, aun así se aleja y se adentra más y más en la promesa de unos ojos y unos labios. Callada, con la boca abierta, ella va. Bien lo sabe la humanidad, cuando el deseo es la guía no hay manos capaces de detener la velocidad, la locura y la alegría.


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