lunes, octubre 26, 2009

No aprendo.

Suelo decir que no me importa de manera alguna y que sé controlar el fluir de las emociones cuando un evento da justo en el centro del lago. Yo sé, me digo, las palabras precisas para permitir el giro continuo de los acontecimientos. Nada, impedirá que fluya. Nada puede detenerme. Tal vez sí lo sé; y logro aparentar lo contrario. Aparento el muro y la llama en donde hay gota y calma.

Alcé las manos al perfil del norte, bebiendo de las musas los cabellos, empapando el texto de mis palabras en las lágrimas de diosas olvidadas. Me has traído corazón de nuevo. Me has puesto bajo el filo de la daga y yo, ante el viento que me rasga, sonrío. Me vuelvo una gota de sangre que en el tiempo de un suspiro madura el suelo.

Bajo un cielo plagado de estrellas dejo ir un poco de alma, veo su luz apartarse hasta encontrar un par de sueños, los bebe, los sodomiza, los abraza. Los conoce con la punta de la lengua. Mi alma, ridícula, persiguiendo sueños hasta que, agotada, vuelve a mí. Sin daño visible. Pasarán dos segundos para que caiga en sus rodillas de alma y me diga que no volverá a hacerlo y que ha cambiado para ser un alma buena. Asiento sin creerle, la conozco, es mía.

No aprendo. No acepto enjaularla, dejarla guardada en casa. Hasta el día en que seamos separadas y sea inútil lastimarnos, hasta ese día le daré la noche libre, lejos de la mente y sus verdades: ¿a qué finges negra ser de diamante donde hay barro fino?

martes, octubre 20, 2009

MONO

Definitivamente no sé mucho de géneros o características de géneros. Sólo siento lo que hace intensa mi respiración, sin tratar de desmenuzar intento conocer lo que realmente me gusta, lo que logra que mi cuerpo vibre y mi mente, todo mi ser, se declare amante de la música.

Música que me transporta a una complejidad, o no, de sonidos. Música que sonoriza mi visión del mundo o que, en acertijos sonoros, me trae nuevos mapas.

Eso es lo que encuentro en el bien o mal llamado post-rock. Algunas noches tendida en mi cuarto, la luz apagada, tabaco en mano, de las bocinas nace el idioma de Godspeed You! Black Emperor, la presencia de Sigúr Rós, la caminata de HRSTA...la sobrecogedora desesperanza de Mono.

Y Mono fue quien ayer coloreó el Poliforum Siqueiros para volcar sobre los presentes la no sutileza de su himno al viento inmortal. Más allá de las circunstancias espaciales y técnicas, que se encuentran mejor explicadas en las palabras de @Alexneb, uno debe de admitir que sí hay poder en su música.

Escuchar a Mono en el reproductor de MP3 no tiene nada que ver con sentir la ráfaga que nace de los cuatro músicos. Me derrumba. Me destruye un poco porque, a través de su discurso, se me abre una visión que apenas sospecho. Y que a veces, sospecho, ignoramos para mantener la vida en pie. El mundo oculta las sugerencias que pueden conducirlo a la demencia. Pero a veces éstas escapan de los dedos de los visionarios, de los ciegos, de los profetas, de los que están en el lugar exacto, sabiendo justo lo necesario para crear poesía. Ya, divago...

Por alguna extraña razón, cuando escucho algo como Mono, pienso que es justo la música que traduce las variaciones que este mundo me hace sentir. La música en sí. Y hoy, en mí, eso que llaman rock instrumental.

Pese a todo, el de ayer fue un gran concierto. El hecho de que no exista alrededor de esta música todo un montaje cultural como el que disfrutan otros géneros -y que en lo personal, la hace aún más grandiosa-, sí se dejó sentir. En el aspecto técnico, sobre todo. Mono, creo, es un sonido que amerita mayor cuidado. Mucho de lo que es Mono se perdió en el audio deficiente, sin embargo, ahí estaba el poder...

Ahí estaban Takaakira Goto, Yoda, Tamaki y Yasunori Takada haciendo retumbar las paredes de Siqueiros y los átomos de los pocos, pero privilegiados, presentes.

martes, octubre 13, 2009

Volcanes

Hoy los volcanes se veían especialmente hermosos. Imponentes, como una señal. Siempre he tenido cerca su imagen de montaña majestuosa. Recuerdo que el tiempo que pasé en Guadalajara era un extrañar constante del Popo y del Izta...su perfil recortándo las nubes, apenas rozando el horizonte, cuidando la vida que ignominiosa se extiende a sus pies. La historia, por todo mexicano conocida, es igual de hermosa. Ella que duerme, ella que duerme llena de historias que acentúan el silencio de la mujer que espera con el furor y la impaciencia, la esperanza. Y él que se alza entre humaredas, con el calor del que vigila; del que aguarda el momento narrado en que habrá de volverla a tener. Esa historia, plasmada en postales, narrada en leyendas, es una de mis favoritas en lo que respecta a nuestro folclor.

Hoy soy la mujer dormida y ella me ha dicho que cuando hierve la lava no es en vano. Hoy me duermo entre deseo y furia. Me extiendo al cielo y clavo mi tristeza en el universo, la dejo ir hasta las nubes, más allá de la estratósfera; qué viaje a estrellas lejanas y sea una de ellas, un brillo más que cante al universo la belleza de los encuentros, la debilidad de la mente, las torpezas del momento. Entre bosques y rocas, hoy me duermo hasta el día ferviente en que estalle el volcán.

miércoles, octubre 07, 2009

Señales

Lo que se tiene que hacer no es siempre lo más agradable -pensó ella al tiempo que guardaba la carta en el sobre. La enviaría porque era lo correcto. Lo decían las nubes con sus formas en el cielo. ¿Has notado como en los momentos de duda la realidad se desvive por enviar señales? En la risa de un amigo, la letra de una canción, el titular de un periódico, el twitt de un desconocido. Basta con poner atención y buscar de forma distraída, mirando de reojo. Entonces, las cosas que son se acomodan en alguna alineación peculiar para decir: sí o no, según sea el caso. Yo confío en las señales, con la ingenuidad de los cinco años, confío en las señales. Es que se necesita creer en algo, inventar algo en que creer y bueno, ni de cinco años voy a andar creyendo en ese dios. Mejor inventar uno que me envíe señales en las canciones que ponen los taxistas.

Ella también cree en las señales y es por eso que envía la carta. Sin dudas, con un poco de remordimiento pero envía la carta. La deja ir. Así es con la verdad, no se fabrica, se encuentra y una vez encontrada hay que tomar de ella lo útil y dejarla ir. Hay demasiadas verdades en esta vida como para cargar con todas.

Ella envía la carta y a pesar de la tristeza, se siente liberada. Y liberada enfrenta la luz vespertina con sus nubes rosadas y su música tranquila. Camina y sus pasos tienen una nueva firmeza. Decidir nos recuerda el poder que guardamos, el de crear la vida que anhelamos, el de ser los pequeños dioses de nuestro universo. Y ella, convertida en diosa, saluda a la noche con los dedos que acarician la posibilidad de lo inesperado...

viernes, octubre 02, 2009

Fue un 10 de septiembre...

El día de mi cumpleaños, eso fue hace unas semanas, amanecí con una terrible depresión mezclada con un ataque de bipolaridad de lo más delicioso. Primero hice lo de todos los días: el regaderazo, la vestida, la peinada y el maquillaje. Todo aderezado con un pésimo humor.

Ya más "tranquila" me acerqué a la puerta y entonces sonó el celular. Era mamá, hablando desde Gdl para desearme un muy feliz cumpleaños. Con la voz entrecortada dije un gracias y colgamos. ¡Maldita sea! -pensé- ¡Extraño a mi mamá! Y entonces la furia maquillada y peinada se convirtió en leve pero punzante llanto y después me fui al cuarto de mi hermana a decirle cuánto odio al mundo. Me aventé un buen teatro antes de decir ¡A la fregada! (amo eso de la fregada) y salirme al trabajo. Mi hermana quedó más o menos así: o_O

Ya iba en el metro. Nada mejoraba. Demasiada gente. 27 años. Demasiada gente. Osea, así de los 30. Me lleva.

Salí del metro, era tarde, claro. Si uno llora durante media hora y necesita 10 min para checar el delineado, pues uno llega tarde al trabajo; es obvio. En fin... paré un taxi ahí por Viveros. Me subí al taxi. El taxista arranca. Yo voy pausando el ipod...

El taxista habla:

¿A dónde me dijo? ¿A Acapulco?

:D

Me hizo el día.
El trabajo me recibió de inmejorable humor.