En el paisaje que nos involucra, hay algo que queremos saber. Ya sea por la variedad de opciones, por el sentimiento de carencia, por la necesidad de asemejarnos más a eso que deseamos ser o evitar que nos confundan con lo que no deseamos parecer; necesitamos tener. Y para tener, de acuerdo a propios y ajenos lineamientos, debemos saber.
Eres lo que tienes. Eres lo que sabes. El conocimiento te abrirá las puertas, te hará libre. El conocimiento es una cadena que, eslabón a eslabón, nos mantiene atados a la concepción de que este mundo no es más que humano. Mas para sobrevivir al mismo mundo, se requiere en mayor o menor medida, saber. El cultivo del intelecto puede hacernos fuertes ante yugos humanos; si alcanzamos la comprensión, entonces no habrá yugo capaz de dominarnos. El conocimiento es una colección de curiosidades con la que construimos un sitial para mirar el mundo, que nos contiene, en busca de aprobación.
Hoy leí sobre el Bokode. El artefacto que vendrá a desplazar al famoso, hay quienes lo llevan tatuado, código de barras.
Dice en la nota de El País:
“El nombre de Bokode procede de bokeh, un término japonés con el que se designa en fotografía a la zona que queda fuera de foco, y por tanto borrosa. El sistema se basa en una cámara desenfocada para grabar toda la información en la diminuta etiqueta, que luego puede ser leída por una cámara normal enfocada al infinito.”
Uno piensa, esa zona borrosa podría asemejar el vacío, una zona que a pesar de contener cierta información, es indescifrable para la agudez de nuestros sentidos, la vista en este caso. Dice oriente, “el vacío puede contenerlo todo”. Y su arte lo demuestra cuando sugiere la forma con una línea que el que ve, interpretando el vacío, conceptualiza.
He aquí un código que milímetro a milímetro a milímetro multiplica a cientos la información que podía contener el Code Bar. Habrá más que saber, de manera más sencilla; más información que agregar a lo que ya sabe nuestro autoretrato.
Los usos muchos, sobrepasan nuestra imaginación; es más, suena a uno de esos artefactos que se las dan en reinventar el cómo. Cuando el Cómo deja su importancia para ceder el lugar totalitario al Qué. Y el Qué, es la respuesta directa a una de nuestras necesidades más alimentadas: Saber.
Cómo llegó a esa conclusión.
Cómo funciona esa cosa.
Cómo adquirieron esa información.
Cómo es qué esta cosa me dice que este producto es mejor que este otro.
Cómo es que el gobierno dice que esta persona es un peligro para todos...
La conclusión está.
La cosa funciona.
La información no miente.
El producto es lo que necesito.
El gobierno...
¿Cómo? Le leyeron la retina... qué más da.
Eres lo que tienes. Eres lo que sabes. El conocimiento te abrirá las puertas, te hará libre. El conocimiento es una cadena que, eslabón a eslabón, nos mantiene atados a la concepción de que este mundo no es más que humano. Mas para sobrevivir al mismo mundo, se requiere en mayor o menor medida, saber. El cultivo del intelecto puede hacernos fuertes ante yugos humanos; si alcanzamos la comprensión, entonces no habrá yugo capaz de dominarnos. El conocimiento es una colección de curiosidades con la que construimos un sitial para mirar el mundo, que nos contiene, en busca de aprobación.
Hoy leí sobre el Bokode. El artefacto que vendrá a desplazar al famoso, hay quienes lo llevan tatuado, código de barras.
Dice en la nota de El País:
“El nombre de Bokode procede de bokeh, un término japonés con el que se designa en fotografía a la zona que queda fuera de foco, y por tanto borrosa. El sistema se basa en una cámara desenfocada para grabar toda la información en la diminuta etiqueta, que luego puede ser leída por una cámara normal enfocada al infinito.”
Uno piensa, esa zona borrosa podría asemejar el vacío, una zona que a pesar de contener cierta información, es indescifrable para la agudez de nuestros sentidos, la vista en este caso. Dice oriente, “el vacío puede contenerlo todo”. Y su arte lo demuestra cuando sugiere la forma con una línea que el que ve, interpretando el vacío, conceptualiza.
He aquí un código que milímetro a milímetro a milímetro multiplica a cientos la información que podía contener el Code Bar. Habrá más que saber, de manera más sencilla; más información que agregar a lo que ya sabe nuestro autoretrato.
Los usos muchos, sobrepasan nuestra imaginación; es más, suena a uno de esos artefactos que se las dan en reinventar el cómo. Cuando el Cómo deja su importancia para ceder el lugar totalitario al Qué. Y el Qué, es la respuesta directa a una de nuestras necesidades más alimentadas: Saber.
Cómo llegó a esa conclusión.
Cómo funciona esa cosa.
Cómo adquirieron esa información.
Cómo es qué esta cosa me dice que este producto es mejor que este otro.
Cómo es que el gobierno dice que esta persona es un peligro para todos...
La conclusión está.
La cosa funciona.
La información no miente.
El producto es lo que necesito.
El gobierno...
¿Cómo? Le leyeron la retina... qué más da.




