martes, diciembre 29, 2009

Un jardín, el mío.

Me dejo rodear por mi propio universo. Esos nombres, esos lugares que he creado y que me han creado el transcurso de los años. Árboles de frutos inexistentes, formas fantásticas que mi infancia colocó en un jardín, el mío.

Mi jardín es hermoso, asemeja a los descritos en los cuentos persas que leía de niña, con esos manantiales que ocultan a una mujer desnuda que se baña; al centro hay un monte que recuerda al Olimpo, jamás he subido porque temo al Hades y quien cree en uno crea el otro.

A veces mi jardín se parece al Jardín Secreto, película que vi millones de veces. A veces es una mezcla de las islas de Simbad y el puesto de frutas de Cecilia, la de Los Bandidos de Río Frío. Sé que en él viven cuatro mosqueteros y en él, el Conde de Montecristo tiene su prisión. Detrás de esa torre se levanta el castillo de Drácula y se deslizan las calles de Maine; si caminas por alguna de ellas, cualquiera, puedes llegar a Dunwich o a Innsmouth y si te distraes puedes terminar en lo alto de ese campanario o en la cima de esas montañas, me ha pasado; no lo recomiendo. Detrás del pueblo cursa un río rodeado de sauces malditos, quien lo navega no sobrevive pues en los bosques de mi jardín aún vuela el Wendigo. Me ahuyenta, me alejo de eso que es salvaje y que es mío.

Me pierdo entonces en algún laberinto donde el minotauro es David Bowie. Regreso junto a la verja en espera de un día más amable en el que pueda habitarlo de nuevo y se llena de mariposas, pequeños caracoles se comen las plantas de mamá, aparece la hamaca azul y de nuevo, me armo un porro y me tiro a ver las estrellas. Eso es hace mucho tiempo, todavía hay ratones que caminan sobre las hojas secas, todavía imagino que soy una chimenea eterna y que permaneceré fumando mota en esa hamaca de aquella casa entre esos dos grandes árboles. Tal vez, de algún modo, así sea.
Algunas veces camino tranquila por los lados soleados del jardín, otras tomo cualquier camino y dejo rodar la bicicleta hasta donde quiera ir. Hay un océano, lo sé, está detrás de los pueblos. Casi no aparezco por allá, una mezcla de respeto y rutina me mantiene donde el jardín es suelo firme con plantas y altas ramas, insectos y camas de musgo. Hay gatos en el jardín, hay perros y caballos. A veces hay un dragón y una sirena en los estanques; menos en uno ya seco, en ése permanece Narciso desde el día lejano en que lo leí por primera vez. Perséfone lo reinventa en primavera y en las noches de verano, lo caminan los séquitos de Oberón y Titania, todos menos Puck; siempre ando en busca de Puck.

Pocos visitan mi jardín, pocos encuentran la entrada, los frutos y el manantial.
Mi jardín permanece. Y de algún modo vivirá para siempre, al menos, en palabras.

A veces me alejo de él y me pongo en el camino y leo sobre otros mundos y otros sueños, otras cabezas. Mas siempre vuelvo a sus senderos de tierra y sus cielos estrellados, a su música melancólica y sus noches llenas de ruidos inquietos. A su calma primordial, a su perfume de jardín que me nombra y me da forma.

2 comentarios:

Rodo dijo...

Yo estaba probando que el mp3 que subí se hubiera subido bien (http://www.pichigato.com/wp-content/uploads/2009/12/04-Russia.mp3) y de pronto zaz! que leo tu post.

Y de pronto zaz!!!!! que me viaja la combinación mp3-lecturadeana.

AnaCess dijo...

Es como si se te hubiera caído un mp3 de la bolsa cuando pasabas por el blog. :P

Un buen mp3, además.