domingo, enero 15, 2012

GY!BE

Sentarte al inicio de la noche con las piernas en un sueño y la mano sobre
el botón de inicio,
presionar.

Dejar que el aire oscuro se llene con la banda del nombre largo. Tonos y notas descienden cual enjambre sobre los oídos del cuarto, afuera el cielo se ilumina con inexistentes estrellas...

Y el sonido se desliza del oído al alma,
la aprieta hasta que un gemido ocupa la boca.

Suspiros que se unen al aire que suena como Moya o East Hastings, como Storm, Albanian o Providence...

Como si fueran lágrimas, como si fueran puños que se levantan al cielo...
se escapan por la ventana.

miércoles, enero 11, 2012

Azul

En lo más duro.


Encontrar oceanos
para sumergirme.

lunes, diciembre 19, 2011

Domingo de reencuentro

Este domingo tuvo una peculiar sorpresa, un reencuentro. Hace tal vez cinco años que no veía a dos grandes amigos y hace más de siete años que no nos encontrábamos en el mismo cuarto esos dos amigos, otro gran amigo y yo.

Hoy sucedió y como en los años pasados, nos encontramos los cuatro hablando. El tiempo dejó de avanzar mientras platicábamos como en aquellos años de Cuernavaca en que nuestras palabras se matizaban con la esperanza...

Hemos cambiado, tal vez no.

El mundo ha cambiado, tal vez no.

Hoy nuestras palabras se reencontraron con nuevos matices, más sabios, más tristes, más amplios, diferentes; no lo sé. Lo único cierto es que, por un instante de este domingo, volví a estar en un lugar que amo: ese lugar que construimos Itzel, Rom, Erick y yo cuando platicamos.

domingo, noviembre 20, 2011

Un momento

Tengo en mis ojos el llanto de un niño que nunca he conocido y el cansancio de una mujer muerta siglos atrás. La risa de un hombre hastiado, los muslos de una joven que baila.

Tengo en mi mente las ideas de un soldado y en mi alma los sueños de una diosa. Mi mano guarda el dolor de una madre, la esperanza de un hombre joven y las rabietas de un bebé. Mi cuerpo está hecho de sus vergüenzas y pánicos.

De sonrisas y odios, de su hedor y su amor.
De su tedio y su olvido. Del rencor.
De la pasión y la locura.
De sueños, hambre e historias.

Tengo en mis pies la muerte de un adolescente, el terror de un pueblo y la felicidad de una dama. El susurro del enamorado, el grito del ahorcado, la ternura de una niña, el desastre de un volcán.

En mis oídos suenan las voces de todos ellos y de más que después vendrán.

Soy un momento en el universo que no se repetirá.

miércoles, noviembre 02, 2011

Tarde de otoño en bici.

Hoy saqué a desentumir la bici. Del Valle, Narvarte y Álamos fueron las calles de mi paseo. Poco tráfico y en el reproductor, Lacrimosa todo el tiempo.

Descubrí que las calles se ven hermosas vestidas de otoño, podría haber tomado algunas fotos y hacer un post que fuera imágenes de árboles amarillos en lúdico contraste con un cielo azul profundo pero no... eso se ve tanto en estos días y yo, desde la médula, me quedo con las palabras.

Entonces, decía:

... la luz dorada atravesaba las ramas que, al ser besadas por el viento, arrojaron hojas amarillas al camino de mi bici. Y crujían como si vinieran de los años de mi infancia cuando el otoño llegaba en montones de hojas que pisar, montañas de hojas para aterrizar, hundirse en ellas y hacerlas crujir entre los dedos. Me gustaba ese juego; recuerdo el día en que apreté una que guardaba un insecto de púas, el ardor mató un poco de mi desfachatez infantil, esa fue la última vez que crují una hoja con las manos. Ahora lo hago con la bici, en las calles de la ciudad, cuando el otoño se deja caer en el suelo de las banquetas, aquellas que se llenan de hojas secas y niños vestidos de brujas y vampiros. ¿Soy yo o el final de año se empieza a respirar en los parques?

Sonaba algo del Stille, o tal vez era Elodia, y yo hacía bailar a la bici. Miré hacia arriba, el sol entre las hojas livianas de los árboles. El viento acarició mi cuello, mis pies giraron los pedales, mi cadera balanceó el cuadro, con una mano marqué el ritmo y al frente, una calle vacía. Un momento que guardaré para mi deleite hasta el incierto día en que mi memoria deje de recordar.

domingo, octubre 16, 2011

Sobre trastes sucios...

He lavado trastes todo el fin de semana sólo para descubrir, en esta agradable noche de domingo, que la cocina está llena de trastes que lavar.

Me niego a lavar un plato más.

Sin embargo, soy la única que usa esos platos y la principal responsable de su insistente suciedad. No se trata de misterios aparecidos en el lavabo, es el vaso en el que tomé vino y la taza del café, los cubiertos con los que comí ensalada, el plato y la cuchara. Todos los conozco, yo los provoqué. Si no a ellos, al menos sí a los restos de comida que los salpican de forma tan equitativa.

Me niego a lavar un tenedor más.

Sin embargo, mañana que necesite de ese plato y esa cuchara, seguirán sucios y de sobra sé que los restos de lasaña, casi mimetizados, serán más reacios al efecto del agua. Entonces, me siento frente al blog a preguntarme cuál es el pinche sentido de lavar trastes que mañana volveré a ensuciar. Más allá de las respuestas obvias, me empieza a surgir una idea:

Nadie lavará el café pegado de mi taza favorita, sólo yo. Nadie arreglará la cama, ni lavará el baño, ni doblará la pijama si no lo hago yo. Al final del día, ésta es mi casa, tanto como mi vida. Si no procuro un poco de orden y otro tanto de limpieza, no hay forma que existan en este espacio en el que sólo decido yo.

Sea, por el placer que me significa el café caliente en mi taza favorita, le paro a la palabra y me voy al suelo frío de la cocina a hacer lo que nadie más puede hacer... sólo yo.

domingo, octubre 02, 2011

sábado, septiembre 24, 2011

Poesía Zen


Hace poco recuperé un libro que en algún tiempo pasado sustraje, sin mala intención, de la biblioteca de mi padre. Una verdadero tesoro.

En el momento que la descubrí, la amé. La poesía Zen crea algo en mí que ninguna otra.

Es precisión. El trazo de las palabras, una imagen, sensación.

El acto de estar. Una forma poética que requiere toda la atención.

...

No tomo tus palabras
simplemente como palabras.
Estoy alejado de eso.

Escucho
lo que te hace decirlas-
lo que ellas quieren ser-
escucho.

...

El viento sopla fuerte
entre los pinos
hacia el comienzo
de un pasado
sin fin

escucha:
ya has oído todo.

...


Poesía de Shinkichi Takahashi; soy y no soy la que te lee.

miércoles, septiembre 21, 2011

Llorar...

Estoy triste... tan triste que lloro sin sentido.

No sé por qué lloro, ni por qué estoy triste.

Sólo sé que es posible.

Llorar esperando que lo que no se entiende escurra,
que moje la noche, humedezca el viento y ya no regrese.

Llorar porque está en la naturaleza.

Y la naturaleza se desborda.

Llorar porque es sano, preciso
como la risa del loco.

Llorar porque está en las manos
que tallan los ojos.

Porque las lágrimas trazan caminos
y limpian espejos.

Llorar porque tiene voz el llanto
e ideas la tristeza.

Llorar porque hace falta la lluvia,
cuando acaba la música
y la calle está oscura,
llena de escombros.
Es la memoria, o tal vez no,
un truco o una apuesta;
llorar porque mañana se olvida
que llorando nace la alegría.

domingo, septiembre 11, 2011

Espero que se convierta en cuento...

El vampiro cerró los labios alrededor de la mano inerte devorando las últimas gotas de sangre. Su piel casi traslúcida contrastaba contra el color moreno que hace sólo unas horas había volado con la música. Le agradaban las noches en que enredaba a una inadvertida mujer y la llevaba a la orilla del río a conocer la muerte. Se levantó dejando caer el cuerpo al suelo húmedo, miró la luna que colgaba sobre la ciudad sintiendo la sangre joven llenar cada rincón de su pútrido cuerpo. Pensó en otros como él, mirando la luna en alguna calle perdida y deseó encontrarlos, además de la sangre éste pensamiento lo mantenía alerta. En un mundo tan corrupto era imposible que él fuera el único representante de su odiosa especie. ¿Dónde estaban los otros? El sonido de una sirena lo sacó de trance, miró el cadáver de la joven y sintió asco, odiaba su debilidad y su muerte humana. También, aunque no lo admitiera, deseaba el descanso que ese cuerpo seco significaba. Como otras noches, tiró lo que quedaba de su víctima a la oscuridad del agua y se alejó en busca de algún edificio abandonado que lo refugiara de la luz y la vida...

domingo, septiembre 04, 2011

Quiero

En las dulces líneas de tu boca miro el paisaje de tu memoria.
Recostada en el perfil de tus cabellos absorbo el aroma de tu historia.
Me deslizo en los terrenos de tu piel siguiendo los caminos,
descubriendo, aprendiendo.

Eres quien te ha traído a mí.


Quiero saber de ti.


domingo, agosto 21, 2011

Sobre el guionista...

A veces sospecho que el guionista de mi vida no está tan pendejo como a veces sospecho y sabe el momento preciso para agregar elementos a la trama.

Esta semana me aventó a un viaje al pasado. No sé si lo sepa, pero si lo hubiera hecho hace, digamos ocho meses, pudo provocar un giro melodramático de lo más asqueroso; pero en estas fechas, la forma en que se han desenvuelto los acontecimientos me tiene más feliz y más fuerte que nunca. Así que los ecos del pasado pierden su tono desgarrador y se vuelven medios a la reflexión y, como en instructiva trama familiar, una reafirmación de que la felicidad es hoy y nada más.

El pulso de un cirujano tiene ese guionista. Y agrego una sospecha, a últimas le ha bajado a cierta afición que a mí me resulta peligrosa lo más: el alcohol. Brindemos por ello.

lunes, agosto 08, 2011

Yo


Ana y el tiempo.



sábado, julio 09, 2011

Opeth

Opeth, julio 2011.

Comer bien, beber bien y...

De las buenas herencias familiares.

Estaba recordando la primera vez que mi papá nos compartió a mi hermana y a mí una rebanada de queso gruyere. "Mira papá, tiene hoyos". Las primeras copas de vino bajo la mirada de mi progenitor, las cenas de año nueva con charolas de carnes frías y quesos. Un vino espumoso del Portugal. Los cortes y las ensaladas. Tintos y blancos fríos. Café y postres. Delicia tras delicia.

Hermosa herencia familiar que aprecio tanto como el gusto por la cultura o el pensamiento crítico. Detalles de aroma y sabor que hacen más feliz la vida. Y la levedad, esa también me la ha enseñado mi padre.

Saber probar la literatura y beber la música. Leerme de principio a fin un banquete a la italiana o árabe. Dejar que suene una buena botella de vino tinto con todas sus agudezas, de principio a fin, sin escapar al efecto de los melódicos.

Porque se ha dicho mil veces. La verdadera felicidad está ahí, día tras noche, en saber deleitarse con los detalles; segundo a segundo.

Trocitos de la herencia familiar que, y sólo porque estoy viva, todos los días me dispongo a complementar.

Por eso...

...comer bien, beber bien y coger, también.

Qué viva la vida, pues.