Definitivamente no sé mucho de géneros o características de géneros. Sólo siento lo que hace intensa mi respiración, sin tratar de desmenuzar intento conocer lo que realmente me gusta, lo que logra que mi cuerpo vibre y mi mente, todo mi ser, se declare amante de la música.
Música que me transporta a una complejidad, o no, de sonidos. Música que sonoriza mi visión del mundo o que, en acertijos sonoros, me trae nuevos mapas.
Eso es lo que encuentro en el bien o mal llamado
post-rock. Algunas noches tendida en mi cuarto, la luz apagada, tabaco en mano, de las bocinas nace el idioma de Godspeed You! Black Emperor, la presencia de Sigúr Rós, la caminata de HRSTA...la sobrecogedora desesperanza de Mono.
Y
Mono fue quien ayer coloreó el Poliforum Siqueiros para volcar sobre los presentes la no sutileza de su himno al viento inmortal. Más allá de las circunstancias espaciales y técnicas, que se encuentran mejor explicadas en las
palabras de @Alexneb, uno debe de admitir que sí hay poder en su música.
Escuchar a Mono en el reproductor de MP3 no tiene nada que ver con sentir la ráfaga que nace de los cuatro músicos. Me derrumba. Me destruye un poco porque, a través de su discurso, se me abre una visión que apenas sospecho. Y que a veces, sospecho, ignoramos para mantener la vida en pie. El mundo oculta las sugerencias que pueden conducirlo a la demencia. Pero a veces éstas escapan de los dedos de los visionarios, de los ciegos, de los profetas, de los que están en el lugar exacto, sabiendo justo lo necesario para crear poesía. Ya, divago...
Por alguna extraña razón, cuando escucho algo como Mono, pienso que es justo la música que traduce las variaciones que este mundo me hace sentir. La música en sí. Y hoy, en mí, eso que llaman rock instrumental.
Pese a todo, el de ayer fue un gran concierto. El hecho de que no exista alrededor de esta música todo un montaje cultural como el que disfrutan otros géneros -y que en lo personal, la hace aún más grandiosa-, sí se dejó sentir. En el aspecto técnico, sobre todo. Mono, creo, es un sonido que amerita mayor cuidado. Mucho de lo que es Mono se perdió en el audio deficiente, sin embargo, ahí estaba el poder...
Ahí estaban Takaakira Goto, Yoda, Tamaki y Yasunori Takada haciendo retumbar las paredes de Siqueiros y los átomos de los pocos, pero privilegiados, presentes.